En el corazón de la campiña cordobesa, donde los olivares se extienden hasta perderse en el horizonte, un Pueblo Mágico de España se convierte cada septiembre en escenario de un mes irrepetible. Cañete de las Torres, pequeña en tamaño pero inmensa en carácter, celebra dos de sus citas más esperadas; las fiestas en honor a la Virgen del Campo Coronada y la Feria Real de San Miguel. Tradición y alegría se dan la mano en un calendario que muestra la esencia de Andalucí; la fe más sincera y la hospitalidad festiva.
La devoción que une al pueblo.
Hablar de septiembre aquí es hablar de la Virgen del Campo Coronada, patrona y corazón espiritual de la villa. Su devoción se remonta siglos atrás y en 2010 fue coronada canónicamente, un hito histórico que reforzó el vínculo de los cañeteros con su patrona.
Los días previos a su festividad se celebran con el solemne triduo en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde oración, silencio y cantos se entrelazan con emoción. El 8 de septiembre, la imagen luce con sus mejores galas rodeada de flores frescas. Tras la misa principal, la Virgen recorre en procesión las calles adornadas hasta la ermita de Madre de Dios, donde permanecerá durante todo el año. Para muchos vecinos que viven fuera, esta es la fecha señalada para volver a casa.
Alegría de ayer y de hoy.
Apenas se apagan los ecos de los cánticos a la Virgen, Cañete de las Torres vuelve a engalanarse para la Feria Real de San Miguel, el 29 de septiembre. Sus orígenes están ligados a las antiguas ferias de ganado y comercio agrícola, pero hoy es pura celebración. La feria arranca con la Noche Flamenca y un almuerzo de convivencia con los mayores, un homenaje a quienes han mantenido viva la tradición. Después, el esperado encendido del alumbrado ilumina el recinto ferial con miles de bombillas, dando inicio a varias jornadas de música, gastronomía y diversión.
En las casetas, el olor de la cocina tradicional se mezcla con las sevillanas y las risas. Familias y amigos se reúnen alrededor de la mesa y la pista de baile, mientras los más pequeños disfrutan de las atracciones. Como en la festividad de la Virgen, esta es también una fecha en la que muchos hijos del pueblo regresan para reencontrarse con su gente. La coincidencia de ambas fiestas convierte a septiembre en un mes único en este Pueblo Mágico de España. La solemnidad de la procesión y la euforia de la feria no se contraponen, sino que se complementan y muestran la riqueza cultural de la localidad, capaz de vivir con la misma intensidad la fe y la alegría.
Más que un destino festivo.
Aunque septiembre concentra los momentos más intensos, este pueblo despliega encantos durante todo el año. Su castillo del siglo XIV, la iglesia de la Asunción o la ermita de Madre de Dios son paradas obligatorias. El entorno, dominado por olivares, invita al paseo tranquilo y a saborear la calma rural. Y en el calendario destacan citas como “Calles en Flor” en mayo, que llena las calles de color, o el festival musical “Cañeteando” en verano, con conciertos gratuitos bajo las estrellas.
Septiembre para sentir.
Vivir septiembre en este rincón cordobés es sumergirse en un relato compartido, donde la devoción a la Virgen del Campo Coronada y la Feria Real de San Miguel conviven como caras de una misma identidad. El visitante no solo se lleva fotografías, se lleva la experiencia de haber formado parte de un latido colectivo que se transmite de generación en generación. Porque en este Pueblo Mágico de España, septiembre no es un mes cualquiera; es un abrazo entre fe y alegría, una invitación a volver siempre.
